La consultoría familiar tiene como objetivo permitir a los individuos identificar problemas específicos y promover su solución, modificando patrones de conducta y actitud, y no el producir cambios internos o de personalidad. También es considerado como un servicio de ayuda para la mejora personal de quienes integran una familia y para la mejora de la sociedad en y desde la familia. Todo esto es buscando un objetivo de crecimiento y ayuda. No es sólo un desahogo de penas y problemas sino un ir a fondo y conocer la raíz de los problemas. Es necesario una actitud de apertura y verdadera escucha. La consultoría es un arte que debe ser aprendido ya que el ser humano es complejo y no se puede generalizar, cada caso es algo particular y único.

La Consultoría requerirá de los profesionistas que se dediquen a ella, un conocimiento más profundo sobre el comportamiento humano, teorías de la personalidad, generalidades de la familia, manejo de las técnicas de orientación y sobre todo contar con el apoyo de un supervisor o un colega que ayude a hacer un análisis constante de las intervenciones del orientador.

No bastan las buenas intenciones y los conocimientos básicos de los profesionistas, se requiere de formación ética-teórico-práctica para intervenir en este nivel. Sin olvidar que la asistencia a un proceso terapéutico por parte del propio orientador es fundamental para evitar contaminación en su ejercicio profesional.

Características  importantes:

Aceptarse primero a mí mismo. Cuando se tiene confianza, seguridad, autoestima y una adecuada visión de los aspectos positivos y negativos de la propia persona, la aceptación incondicional de los demás se da con mucha más facilidad.

El consultor debe aceptar al cliente a través de una buena disposición hacia él, permitirle que sea original en sus actitudes y respuestas.

Aceptarlo con todas sus cualidades y sus limitaciones.

Amar al otro tal y como es. Es un profundo respeto por su dignidad y sus potencialidades para el crecimiento personal.

Liberar al cliente de la amenaza de evaluación externa. Los juicios de valor no estimulan el desarrollo personal. Validar conductas no a la persona.

Aceptar a los demás dondequiera que se encuentren, es decir, aceptar su propio ritmo en cualquier situación.

La  consultoría como una herramientas de trabajo y diferencia con la psicoterapia:

Es importante que se tenga una actitud de profesionalidad. Es decir no se trata simplemente de dar atención, amor, cariño o apoyo, sino más bien, liberar a la persona que consiga eso en algún otro lado.

El que se conozca el paciente Que el paciente/el cliente  se descubran, definan e implementen sus propios valores.

El orientador debe ayudar a llenar las necesidades humanas básicas.

Por medio de una relación interpersonal efectiva lograr la mejora de la persona como tal.

Todas las técnicas de ayuda se dirigen al mismo objetivo. Ayudar a que el individuo se ajuste más satisfactoriamente a sus problemas. Acostumbrar al cliente/paciente a asumir con satisfacción su responsabilidad.

Más fundamentalmente, todo proceso de ayuda supone el intento positivo de alguna persona por cambiar a otra en cierta manera.

En estas dos técnicas, tanto el cliente como el paciente se identifican como las personas que probablemente se beneficiarán del tratamiento; en tanto que el consultor y el psicoterapeuta se los beneficiados son los que promueven estas actividades. consideran las personas que ayudarán a producir el cambio.

Para poder dar un mejor servicio en la orientación es necesario lo siguiente:

Ser objetivo, es decir, ver hacia el exterior de uno mismo para tener las cosas lo más claro posible y después, con esa información, adentrarnos en la persona del cliente y entender cómo se comporta desde su punto de vista.

Saber lo que el cliente quiere dar a entender. Leer entre líneas, descifrar lenguaje verbal y no verbal, captar lo que el cuerpo nos dice.

Dar una interpretación a los datos simples que obtengamos para apreciar lo que hay más allá.

El consultor que logra una comprensión y empatía adecuadas, responde con frecuencia a su cliente; es un seguimiento del tema tratado, es dar un acuse de recibo de lo que se dice y de lo que se entiende.

El consultor que puede ver a través de los ojos de su cliente tiene el mismo marco de referencia y se dice entonces que hablan el mismo idioma.

Comprender al otro desde su situación y perspectiva. Ayuda a captar sus emociones, pensamientos y expectativas y expresarlos, casi como un eco.

Entender los sentimientos del cliente y un interés cálido sin involucrarse emocionalmente de forma exagerada.

Creciente afecto y respeto mutuos entre el consultor y el cliente.

Exacta comprensión empática del mundo interno del cliente, como si fuera el propio mundo (sin perder la cualidad de ‘como si’).

Hoy en día es frecuente el encontrar parejas jóvenes que buscan asesoría y una orientación especialmente cuando comienzan con las crisis de los 10 años de matrimonio. En el ámbito escolar encuentro con frecuencia que la pareja no se conoce, no pueden conceptualizar su problemática por falta de un conocimiento objetivo de sí mismos. Es por eso que creo de suma importancia el ayudarles a dar pasos en el autoconocimiento.

Ante situaciones de duelos, de crisis, etc veo que en ocasiones sus recursos son limitados y por ello suelen caer en depresiones, evasiones, escapes, etc. Es por ello que necesario darles los recursos para que puedan salir adelante con mayor esperanza y menos actitudes negativas.

Considero de suma importancia el tener la claridad de que la orientación, la consultoría con las características que lo definen es una exigencia personal para ayudar a los demás. Es un servicio para llevar a los clientes a un crecimiento y desarrollo personal. Es por ello que se debe tomar con gran seriedad y con profesionalidad. El compromiso es grande y por ello es necesario tener un buen conocimiento de la técnica y de la forma de la consultoría familiar.

 

 

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